miércoles, 1 de febrero de 2012

BRONCEMIA, LA TERRIBLE ENFERMEDAD QUE DESTRUYE A LOS FAMOSOS

La "broncemia", o acumulación de bronce en la sangre, es una enfermedad mental muy grave que se da con gran frecuencia entre los artistas, políticos, deportistas, personal de canales televisión, radio, ejecutivos, banqueros, médicos todo lo que sea famosos y sean miembros destacados de las élites. Los que la padecen, a medida que pasan los años y el bronce invade la corriente sanguínea, terminan creyendo que son estatuas de bronce que están situadas, por sus méritos y para admiración de todos, en las plazas y espacios públicos. 

Se creen dioses, pero en realidad, son tipejos cargados de soberbia, arrogantes y aislados que han perdido la noción de la realidad. El enfermo de broncemia pasa por dos etapas: la primera es el "Importantísmo", en la que el infectado por el metal se cree tan importante que nadie es mejor que él; la segunda es la "Inmortalitis", que sobreviene cuando el bronce ya ha invadido todo su ser, lo que le lleva a sentirse inmortal, un ser infinito situado por encima de la muerte y del tiempo.

La arrogancia y la egolatría inyectan inmensas cantidades de bronce en la corriente sanguínea de esos que se creen famosos que desarrollan síntomas muy agudos de "soberbia" y "solemnidad", típicos de la enfermedad. Pero se han observado casos importantes en otros estamentos, como la medicina, la farándula, la justicia, el deporte y las cadenas de televisión y radio.

La broncemia se desarrolla, generalmente, a partir de los 38 años, pero los casos más severos suelen producirse entre los 45 y los 65 años. Los síntomas más característicos del broncémico son tres: la "diarrea mental", la "sordera interlocutoria" y el "reflejo cefalocaudal".

La "diarrea" le hace hablar sin parar, de cualquier tema, hasta de lo que desconoce, con solemnidad, escuchándose a sí mismo, como si hablara desde un púlpito a seres inferiores; la "sordera" le impide escuchar y convierte al enfermo de broncemia en un ser desconectado de los que le rodean; el "reflejo cefalocaudal", hace que el broncémico camine erguido, con la espalda rígida, con apariencia arrogante, como si fuera un Dios olímpico, quizás por acumulación de bronce en su columna vertebral. Los broncémicos son fácilmente identificable por sus síntomas: pierden la capacidad de sonreir, no saben escuchar y hablan sin parar de sí mismo.

La única medicina eficaz conocida contra la broncemia es el espíritu de servicio, una variedad del amor al prójimo que obliga a quien lo practica a estar más atento del otro que de él mismo. Ese espíritu opera como una vacuna infalible y evita la broncemia con una eficacia total.